“La paz comienza donde
cada uno puede ser lo que es.”

Bert Hellinger

Marisa Reichler en sesión terapéutica

El servicio y el acompañamiento terapéutico han sido para mí un camino de encuentro, una vía para acercarme a una vida con más sentido, paz y presencia.

Licenciada en Trabajo Social, egresada de la Universidad de Buenos Aires, participé en distintos proyectos comunitarios, además de ejercer la docencia. Tanto el quehacer educativo como el trabajo de campo y la experiencia de vida me posibilitaron poner el foco en una mirada más integral sobre el ser humano.

El encuentro con el trabajo de Mike Boxhall —Presencia en Quietud— y Carles Company —Presencia Biodinámica—, junto con la formación como Terapeuta Craneosacral Biodinámica de la mano de Débora García, me abrieron un camino que me marcó profundamente. A través de estas enseñanzas encontré una forma de escucha atenta y una experiencia de presencia que transformaron mi manera de comprender el cuerpo, sus manifestaciones y procesos energéticos, invitándome a la posibilidad de acompañar a otros desde ese lugar.

Participé en entrenamientos con Bert Hellinger en Argentina, México y Alemania. Me formé en Sanación Energética con Nora Rousseaux y en Consultoría Astrológica con María Isabel Casanovas. En la profundización de mi trabajo interno continúo nutriéndome de la sabiduría de la Kabalah y de las enseñanzas de la no dualidad (Advaita), fuentes que acompañan y enriquecen mi búsqueda interior.

A todos los que con amor y generosidad me acompañaron y guiaron, mi agradecimiento y el compromiso de vibrar en conciencia y humildad.

En la actualidad, la vida me invitó a integrar mi camino como terapeuta con la creación y el cuidado de Espacio Medrano @espaciomedrano: un espacio donde ser. Un lugar abierto al encuentro, a la presencia y al despliegue de la vida, donde diversas disciplinas acompañan el contacto con lo esencial en cada uno de nosotros.

El Trabajo

Contacto sutil en sesión terapéutica

La vida posee una inteligencia profunda que busca el equilibrio, el movimiento y la expansión. Sin embargo, hay experiencias que no pudieron ser plenamente digeridas y cuya energía queda retenida en el cuerpo, condicionando la manera en que sentimos, pensamos, nos relacionamos y habitamos la vida.

Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio de presencia y escucha donde esa energía pueda ser reconocida, sin juicio y sin intentar modificarla.

La Presencia Biodinámica se despliega desde un contacto sutil, nacido de la quietud y de una atención receptiva. En ese silencio habitado, la escucha se vuelve profunda y el cuerpo comienza a hablar. Emergen historias, memorias, hábitos, traumas y patrones que permanecían anclados y que, al ser reconocidos, comienzan naturalmente a recuperar su movimiento.

No se trata de comprender, sino de sentir. De permitir que algo encuentre su expresión desde la experiencia viva. El cuerpo encuentra una presencia que acompaña y respeta su propio ritmo.

Cuando aquello que permanecía retenido encuentra un lugar donde ser escuchado, la fuerza vital vuelve a organizarse desde su propia sabiduría, como un río que encuentra nuevamente su cauce. A través de este profundo trabajo energético, las tensiones se aflojan, lo rígido cede y muchos dolores físicos —contracturas, molestias persistentes e incomodidades que el cuerpo ha sostenido en silencio— encuentran un camino de descarga y reorganización. No por intervención, sino por escucha y quietud. No por empuje, sino porque la vida encuentra las condiciones para desplegar su propia inteligencia.

Cada sesión es una invitación a aquietar el pensamiento, entrar en contacto con el sentir y permitir que el cuerpo revele aquello que pulsa por emerger. El trabajo se realiza en camilla a través de un contacto sutil y una escucha profunda. En este abordaje, el cuerpo es una vía de acceso al sentir y a la paz que habita en cada uno de nosotros.

Acompaño este proceso desde la Terapia Craneosacral Biodinámica y la Presencia Biodinámica, confiando en la inteligencia inherente de la vida y en la capacidad que todos tenemos de volver a estar en sintonía con quienes realmente somos.

Como expresa el cabalista Moisés Cordovero: “Somos lo que vemos.” Cada expansión de la conciencia amplía nuestra manera de habitar el mundo y nos acerca a una vida más plena, libre y auténtica.

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